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Idas y venidas

de un homo viator

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Mercados, jardines y nostalgias

14/10/2010

 
Tranvía turístico

Acompañados ya de nuestros amigos Pep y Antònia, recién llegados de Barcelona, iniciamos un largo paseo alrededor de la cuadrícula perfecta de la city. Tomamos el tranvía turístico, que es gratuito y al que uno se puede subir o del que se puede bajar cuando se llega a un lugar de especial interés. Tienen estos tranvías el encanto añadido de ser modelos antiguos, de los que acostumbraba a tomar en mi época australiana, alegremente pintados de rojo. Nos detuvimos primero en los Fitzroy Exhibition Gardens, bellísimos, cuidados hasta el mimo, en donde se encuentra el edificio que albergó a finales del siglo XIX la exposición universal de Melbourne. Cuando uno lleva varios días en la ciudad y ha visitado diversos barrios –del norte, el sur, el este o el oeste–, se concede menos importancia a estos primeros jardines, pues el número de parques –algunos inmensos– de la ciudad hace que resulte muy difícil destacar la belleza paisajística de unos por encima de otros, salvo, naturalmente, si nos referimos a los Jardines Botánicos, que merecerán una detenida visita especial.

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Saint Vincent’s Hospital

Desde la esquina de Fitzroy Exhibition Gardens, un edificio atrae nuestra atención. Sabíamos que estaba por aquí, pero la zona se ha modernizado tanto que, a no ser por el cartel que hay en lo alto del edificio, no nos habríamos dado cuenta de que nos encontramos enfrente del St Vincent’s Hospital. ¿Y qué tiene de especial este hospital, aparte de estar en el barrio de Fitzroy?  Pues que en él, hace 31 años y unos pocos días, nació Adrián, tras hacerse esperar varias horas, anunciando probablemente lo que iba a ser su dificultad, ampliamente reconocida, para tomar decisiones… ¡incluso para nacer!


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Victoria Market

De vuelta al tranvía y nueva parada. Esta vez, nuestros pasos nos llevan a otro lugar mítico en nuestro recuerdo: Victoria Market, la “marqueta”  en la jerga anglosajonizada a veces incomprensible de los españoles de la época. Y, para nuestro deleite, aquí nada ha cambiado, al menos en la sección de frutas y verduras. Los colores de los puestos con los productos fresquísimos perfectamente alineados y cuidadosamente expuestos; las voces de los vendedores y las vendedoras, con acentos que delatan a los italianos, los griegos o –más recientemente incorporados– los chinos; la clientela, también de todas las procedencias imaginables, eligiendo con ojo crítico los mejores aguacates, las manzanas más rojas, los tomates más brillantes, los calabacines más hermosos, de un tamaño que parece feo indicar con la mano… ¡y más aún si se trata de zanahorias!  Pero todavía debemos visitar la sección de ultramarinos, carnes y pescados, donde se puede observar que, aun manteniendo la estructura del antiguo mercado, los puestos se han modernizados, sobre todo por la cantidad y variedad de quesos, jamones (por supuesto sin faltar los ibéricos españoles), aceitunas, aceites, vinos… Y la maravilla de las carnes australianas, a unos precios increíbles para el asombrado comprador español (solomillo de la mejor calidad aproximadamente a 12 euros el kilo…). Y las ostras… a 8 euros la docena… Todo ello adornado de una modernidad en otros tiempos impensable en una ciudad profundamente victoriana como Melbourne. Alrededor del mercado han colocado mesas y sillas, donde los visitantes del mercado pueden salir a sentarse y comprar  las delicatesen que han comprado… ¡¡¡acompañadas de una cerveza o un vaso de vino!!!

Carlton

La siguiente parada de nuestro paseo nos lleva a Carlton, el barrio estudiantil e italiano por excelencia. Estudiantil por estar al lado de la más grande y antigua de las cuatro universidades de Melbourne; italiano porque los comercios del barrio, incluidos los restaurantes han sido tradicionalmente de esta nacionalidad. De mis viejos tiempos, recuerdo que estaban en Lygon Street las mejores pizzerías… ¡y allí siguen! Sólo que el número y variedad de estos establecimientos ha aumentado. Y “les han salido” terrazas en todas las aceras, con estufas para el invierno. Y también aquí se puede comer a cualquier hora de la mañana, la tarde o la noche. Y se puede tomar cerveza o vino en la calle. Afortunadamente, este no es mi Melbourne, que me lo han cambiado… Este barrio de Carlton tiene además para nosotros el valor nostálgico añadido de ser el lugar donde Maite tuvo, durante varios años, su puesto de trabajo en la oficina de viajes de la Australian Union of Students. Las calles han cambiado poco, muy poco. Sí ha cambiado la población que lo habita. Ahora, además de los universitarios, han ido llegando al barrio artistas, intelectualesy jóvenes profesionales, que buscan en Carltonla proximidad al centro de la ciudad y el encanto bohemio que siempre ha tenido la zona.
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Adrián
14/10/2010 09:36:43

Está feo corregir a un padre, y más en su propio blog, pero me temo que ya pasan 32 años y unos pocos días del inicio de mis dudas...

Eri
14/10/2010 19:45:06

Adri, tío. Tu fama te precede...

Sara
15/10/2010 00:58:42

Qué envidia!!! Qué bonito todo! Quiero ir a Melbourne yaaa!
A ver si el australiano se anima y me lleva de garbeo por allí, que me parece que me va a encantar

Por cierto, pese a nuestra mala fama de libras-indecisos, nada más de lejos de la realidad, últimamente zanjamos los temas que ni os imaginais, ja, ja

P.S. Si os encontrais por ahí a mi amiga Samantha y al pequeño Isaac dadles un beso de mi parte!


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